domingo, 29 de diciembre de 2013

Leer al río

A la vera del río Anisacate, que amenaza crecida, tres varones leen.
Francisco lee Heredera de un secreto, de Elisa Roldán.
Pablo lee Nueve cuentos, de J. D. Salinger.
Matías, en el #Kindle, lee La marca de Atenea, de Rick Riordan.
Mauro, en Buenos Aires, cerca de otro río, está a punto de sacarle el envoltorio a Zama, de Di Benedetto.
Mis lectores terminan el año leyendo. Y el río, acompañando.





jueves, 19 de diciembre de 2013

Despedida en la vereda

Buenos Aires en Diciembre. Un calor de morirse, no hay aire, en muchos lugares no hay luz, la calle está pegajosa, todos hervimos. Y sin embargo, sucede.
Al salir del #SubteB, luego de un par de cuadras, la veo. Despedida en la vereda, sentada en la solia de acceso al local.

"¿Era Lucas consciente de ello? En cuanto me di cuenta de que lo más seguro era que sí, me asaltó el pánico.
Le observé mientras se ponía una camisa de franela y se ataba los cordones de los zapatos. Estaba aterrada. ¿Pensaba Lucas que si moría volveríamos a estar juntos? ¿O acaso la vida ya no tenía sentido para él? Para mí sí lo tenía. Quería que viviera y estuviera a salvo y fuera feliz por los dos." 


Despedida,  de Claudia Gray.



Esta lectora prescinde incluso de la silla en la vereda.

"Llegaron las noches de las sillas en la vereda; de las familias estancadas en las puertas de sus casas; llegaron, las noches del amor sentimental de "buenas noches, vecina", el político e insinuante "¿cómo le va, don Pascual?". Y don Pascual sonrie y se atusa los "baffi", que bien sabe por qué el mocito le pregunta cómo le va. Llegaron las noches...Yo no sé qué tienen estos barrios porteños tan tristes en el día bajo el sol, y tan lindos cuando la luna los recorre oblicuamente. Yo no sé qué tienen; que reos o inteligentes, vagos o activos, todos queremos este barrio con su jardín (sitio para la futura sala) y sus pebetas siempre iguales y siempre distintas, y sus viejos, siempre iguales y siempre distintos también. Encanto mafioso, dulzura mistonga,ilusión baratieri ¡qué sé yo qué tienen todos estos barrios!; estos barrios porteños, largos, todos cortados con la misma tijera, todos semejantes con sus casitas atorrantas, sus jardines con la palmera al centro y unos yuyos semiflorecidos que aroman como si la noche reventara por ellos el apasionamiento que encierran las almas de la ciudad; almas que sólo saben el ritmo del tango y del "te quiero". Fulería poética, eso y algo más."


Roberto Christophersen Arlt, Aguafuertes Porteñas, 1935

lunes, 16 de diciembre de 2013

Colmillo Blanco

Miércoles 11 de Diciembre. En el #SubteB ni bien me subo, encuentro. 
De las #EscenasLectoras, las más #Retro. Colmillo Blanco y bolsa de compras de colores. 



Aunque para un retro total hubiera necesitado que la edición fuera la de la Colección Robin Hood, esa que leí en el cuarto de la calle Belgrano, en la casa de mi abuela, tan distinta al subte... 


Eran los libros que había leído mi viejo, y era su cuarto. Yo era chica, el tiempo tenía otro correr y mi abuela hacía orejones en almíbary baklava.
Y en esa biblioteca, había un juego de madera para enseñar la hora que además era ábaco, que todavía conservo, si bien las fichas para contar se fueron perdiendo...

"abuelita ¿Qué hora es?"


Pero volviendo al 11 de diciembre, en el Buenos Aires mortal que nos toca, pienso que pasaron ya 35 años de esa #EscenaLectora de la calle Belgrano. Y que hace mucho que no pensaba en Jack London, ni en el juguete de madera para aprender la hora y contar, ni en ese desierto tan crudo de Colmillo Blanco.

"Delante de los perros, calzando anchos y blandos zapatos de pelo para la nieve, avanzaba trabajosamente un hombre. Detrás del trineo iba otro. Dentro, en la caja, iba un tercero para quien todo esfuerzo había ya terminado: una víctima de aquel salvaje desierto, un vencido que no se movería ni lu­charía ya más, aplastado, aniquilado por él. Al desierto no suele gustarle el movimiento. Toma como una ofensa la vida, porque vida es movimiento, y él tiende siempre a destruirlo. Hiela el agua para no dejarla correr hacia el mar; les roba la savia a los árboles - hasta helarles el potente corazón; y con mayor ferocidad, y por más terrible modo aún, anonada y obliga a someterse al hombre. Al hombre, que es lo más in­quieto que la vida ofrece, siempre en rebelión, justamente en contra de la idea de que todo movimiento acaba con la ce­sación del mismo."

Colmillo Blanco, Jack London


sábado, 7 de diciembre de 2013

Rosario siempre estuvo cerca

Hablo por teléfono con Lili Quillay y le comento que gracias a un encuentro ¿fortuito?  le va a llegar algo de mi parte. Es un viernes furioso en Buenos Aires y mi próximo destino es el centro. Camino al subte pensando en Rosario.

Lee con auriculares grandes marca Sony. Yo me subo en Tronador y lo veo leer, lo miro escuchar. Lo escucho leer aunque no hable.
Detiene su lectura. Marca el ritmo. Vuelve a leer.
¿Leerá al compás?
Cuando me siento, el título aparece: La mesa de los galanes del negro Fontanarrosa. Otra vez Rosario.




"Sin embargo un día, el Colorado llegó a “El Cairo” considerablemente excitado. Lo había llamado el rubio desde su tanguero reducto de Pompeya, para imponerlo de una infausta noticia: había muerto el padre, aquel viejo ferroviario que inaugurara la estirpe canalla y que supiera jugar en Sparta y Rosario Central. El Colorado —siempre de acuerdo a su versión oral— se había realmente conmovido. Que ese tipo, su simpatía estival, lo llamara al solo efecto de comentarle la muerte de su progenitor, era una palmaria demostración de que aquella amistad (surgida de los colores gloriosos) era más profunda que lo sensorialmente perceptible y que, por lo tanto, el rubio —ahora huérfano— deseaba compartir el momento de congoja con el circunstancial amigo, tan lejano.
—Pero la cosa no terminaba allí —advirtió el Colorado, nuevamente en la Mesa de los Galanes, esta vez enriquecida por la presencia del Pochi y de Belmondo—. La cosa no terminaba allí. Parece que el viejo, antes de morir, pidió como última voluntad, que sus cenizas se tiraran en las canchas de Sparta y de Central, los dos cuadros donde él jugó...
Por los muchachos cruzó una sombra de respetuosa sorpresa.
—La mitad de las cenizas —especificó el Colo— en la cancha de Sparta. Y la otra mitad en el Gigante ¡Mirá vos el deseo del tipo!
—¿Y alcanza para tanto? —frunció la cara el Pitufo, siempre un poco irreverente.
—¡Y qué sé yo! ¡Qué sé yo! Te imaginás que nunca me vi metido en un trámite de éstos, Pitufo.
—¿Era grandote el hombre? —lo del Centu tampoco sonó muy cuidadoso."

Cenizas, Roberto Fontanarrosa

***

Entonces pienso en el El Cairo, que como tantos, quise conocer ni bien pisé Rosario la primera vez hace tantísimos años, en una época en la que llegaba el viernes a la noche y la pregunta era: ¿Este fin de semana a dónde?
Cenas y cafés con amigos de allá y de acá. Encuentros. Estar en el lugar de el hecho. Ver la mesa. Los libros. Las fotos. El Larousse ilustrado que dicen que dejó allí Malena, una de las pocas mujeres que se sentaron en la mesa de los galanes.

Y del recuerdo de El Cairo a la cena del jueves: Ni bien me senté en una mesa repleta de conocidos virtuales o desconocidos reales, uno de los comensales dijo al pasar que era de Rosario. Le pregunte si volvía para allí después de la cena, me dijo que si. Le pregunté si no le llevaría algo a una amiga. Sorprendido me dijo también que si. "¿Tenés acá lo que querés que lleve?". Las carteras femeninas encierran tantos misterios, le dije.
Y entonces viajaron las Postales La Vereda 2013 para Rosario.



Un detective en La Vereda

Juan Pedro Joaquín Casas
Tiene 18 años.
Un tipo vino y tocó el gatillo, cuando le quería sacar la pistola. La bala rebotó en una mosca y le dio a él mismo. Se casó con Lady Gaga.
Como todos los detectives, sale a investigar de noche. Y de día se hace pasar por otra cosa, como le dice su jefe, para que no los descubran.
Cuando le preguntan su nombre, él dice que se llama Gabriel. Y cuando le preguntan su apellido, dice Velázquez. Su sobrenombre es “Cabezón”. 


Un detective en La Vereda (fragmento), 
creación colectiva (grupo de 9 a 12 años), 
Taller de escritores La Verrea, 2013.


Cabe destacar que el comensal al que le pedí semejante favor postal era a este ese entonces de los desconocidos totales. Real y virtualmente hablando.

Pero bueno, todos sabemos que Rosario siempre estuvo cerca.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

De caminatas, cadáveres y vergas

Rumbo al #SubteB me sucede un encuentro providencial con @ivasteinberg que caminaba con su remera naranja brillante al sol, como perdida, por una calle tan conocida por ambas.
Hablamos de yoga, específicamente de la postura del cadáver, entre otras cosas... Relaciones, peleas, pulsiones, vejez, hijos, finales, locuras transitorias, obsesiones permanentes.

En el subte seguimos la charla. Nos sentamos. Ivana solo viajaba una estación. En su lugar, se sentó una chica que automáticamente sacó un libro de una bolsa.
De mis #EscenasLectoras preferidas, cercanas pero ajenas.




Lo abre y algo en su modo de leer denota una relectura. Yo leo con ella el principio de su libro:

"El centro del mundo es el cadáver"

Escribe. Hace gráficos. Juega con el libro.Toca la contratapa como acariciándola. Pasa las hojas lentamente.
El libro está muy subrayado. Vuelve al comienzo. Luego lo cierra. Lo vuelve abrir.

“La noche había sido cruzada por una sola, interminable cópula. Nada más era posible entre nosotros (…) volví a levantarle las piernas y volví a clavarle la verga (…) Le di como para matarla. Cuando volví a detenerme el dormitorio estaba ya totalmente iluminado por el resplandor (…) Y gritó. Finalmente gritó. Gritó como nunca oí gritar a nadie en mi vida. Como si se le fuera, dolorosa, penosa, interminablemente el alma del cuerpo (…) Saqué la verga, tensa, gigantesca, nudosa, venosa, monstruosa, y se la mostré. Incapaces de hablar nos mirábamos, incrédulos”


El centro del mundo, (fragmento)*

Retoma el gráfico y luego anota y anota,  hasta que guarda el libro y se baja.




Al final del día de locos sigo pensando en El centro del mundo, de Ercole Lissardi. Ahora sé que es un volumen que reúne tres nouvelles consideradas calientes.
Camino casi corriendo al #SubteB otra vez, y otra vez no funciona. Está cerrado. Son las 20.30. Hace más de doce horas que salí de mi casa.
Desde el colectivo lleno pienso: "El centro del mundo es un cadáver."
Y entonces,  instantáneo como un café, viene el poema:

"En el centro de la fiesta
está el vacío.
Pero en el centro del vacío
hay otra fiesta."

Roberto Juarroz


*Fragmento extraído de http://lecturassrasantes.blogspot.com.ar/2013/04/el-centro-del-mundo-ercole-lissardi.html

viernes, 29 de noviembre de 2013

Los anteojos negros. Realidad, tiempo y ficción


No me puedo dormir, y en mi cabeza aparece un libro. Intento recordarlo. Lo busco en las bibliotecas diseminadas por toda la casa pero no lo encuentro. Intento en Google, lo consigo, lo descargo, lo releo. 

Y entonces pienso en el lector de la remera de los Blue Brothers que ayer, 28 de noviembre de 2013, leía un libro publicado en 1945. Un libro del Séptimo Círculo. La colección de Borges y Bioy Casares. Los mejores asesinatos de la historia. Los policiales que devoré y luego  robé de mi casa materna. Que luego presté, regalé, y algunos, sólo algunos, conservo... 

Los anteojos negros que te hacen ver todo de otro modo, que te defienden, que te esconden. Que te muestran otra realidad. Leer Los anteojos negros, sin gafas, hasta el final.

    


Viene entonces  Cortázar a mi cabeza, hablando del tiempo entre la escritura y la lectura, los tiempos entre la escritura y la lectura. 68 años que desaparecían ayer ante mis ojos en un solo instante.



Henri Cartier Bresson hablaba del "instante decisivo", ese en el que se unen realidad y fotografía: el click. 
El instante, el disparo que lo corta y la grieta que abre en la realidad para siempre. Todo lo demás, es ficción.


domingo, 24 de noviembre de 2013

Cadena de lecturas y un rescate

Un festejo, el cumpleaños número 30 de CEDILIJ, 30, que como los de la democracia, no son casualidad. Un estar que se arma cuando vas a Córdoba y te cruzás entre libros, que tampoco es casual.

El día después del cumpleaños, un sol hermoso y la promesa de un asado en el jardín.
Primero fuimos a buscar a Istvansch, que contaba con alojamiento privado, -ojo-. Luego nos fuimos, con Marce a la librería Wallen, donde encontramos promesas de #EscenasLectoras por doquier. Algunas nos las llevamos.


Cuando llegamos a la casa que nos alojaba nos quedaban el jardín, el asado, y unas horas antes de las vueltas a Buenos Aires y a Chile.

Al sol pleno, Istvansch leía La extraña, del derecho y del revés.

“Durante meses vivió pacientemente en habitaciones desconocidas, con una mujer desconocida, con el patético disfraz de un hombre maduro enamorado, en un entorno difícil de definir, esperando una señal.”

 


“En la cima de la isla, sumido en aquella iluminación insólita y alarmante, se sintió solo por primera vez en su vida. Eso lo sorprendió. Sus amigos solían considerarlo “una persona solitaria”. Ahora le pareció que no había tenido ni idea de lo que era la soledad, había vivido en medio de un gran tumulto desde el momento de nacer. Aquello era por fin la soledad: lo que le rodeaba allí, aquel crepúsculo incoloro y agonizante, aquel silencio denso y oleoso, y allá abajo el mar, cuya inmensa superficie reflejaba el vacío del cielo; y él, al fin, podía agarrarse a aquella costa como un náufrago al arrecife”. 
La extraña, Sándor Márai



***

Marcela, protegida por la sombra, se embarcó en  Tres historias en torno a Gatsby. No sé cuál de las tres historias leía en ese momento, elijo arbitrariamente, Sueños de invierno. 


"Algunos de los caddies del campo de golf eran más pobres que las ratas y vivían en casas de una sola habitación con una vaca neurasténica en el patio, pero el padre de Dexter Green era el dueño de la segunda droguería de Black Bear —la mejor era El Cubo, que contaba entre sus clientes a los más ricos de Sherry Island—, y Dexter era caddie sólo por ganar algún dinero para sus gastos.
En otoño, cuando los días se volvían crudos y grises, y el largo invierno de Minnesota caía como la blanca tapadera de una caja, los esquís de Dexter se deslizaban sobre la nieve que ocultaba las calles del campo de golf. En días así el campo le producía una sensación de profunda melancolía..."

Sueños de invierno, Francis Scott Fitzgerald

***

En la espera del asado, yo estaba terminando Días sin hambre.


“Cuando se para a pensarlo, se da cuenta de que todo empezó más tarde, no tenía nada que ver con las revistas. Sobre todo recuerda la sensación de asco. Primero eliminó la carne roja, y después todas las carnes, las aves de corral y el cerdo, y también las proteínas. Más adelante eliminó todo tipo de materia grasa. El azúcar también. Se encontraba cada vez mejor, más ligera, más pura también.
Se hacía más fuerte que el hambre, más fuerte que la necesidad.”

Días sin hambre, Delphine De Vigan

***
Roberto se puso a hacer el asado. En eso entró corriendo, pero sigiloso, Istvansch y me dijo: ¡Mirá, mirá lo que hace Roberto, lee antes de elegir que diario o revista echar al fuego, andá y sacale una foto, no tardes que te la vas a perder!


Nos acercamos y descubrimos un ejemplar único. Istvansch  y yo nos sumamos a la lectura increíble. Firmenich desde la celda en Brasil, la muerte de Cortázar... Un ejemplar incunable: Revista La semana circa 1984.


Yo dije que no puede hacerse fuego esa revista. Istvansch me apoya y Roberto me la regala. En la casa se quejan, que era una revista de guardar. Fue en ese momento en el que nos enteramos que Istvansch tiene un archivo de sus recortes seleccionados, para el que, obviamente, sigue un método: guarda los artículos, cuando llega a un número X, elabora un índice y los anilla. Y va armando tomos. (¡Quiero que venga a mi casa a organizar mis recortes!-entre otras cosas-) 

“En realidad, sólo falta López Rega. La débil democracia de Raúl Alfonsín ha logrado en 60 días lo que nadie se hubiera atrevido a imaginar. No sólo ha enjuiciado a los integrantes de las tres Juntas Militares, sino que acaba de provocar el arresto en Brasil del más peligroso terrorista argentino, Mario Eduardo Firmenich, y ha logrado capturar en Córdoba a Aníbal Gordon, sobre el que pesan innumerables crímenes. La débil democracia ha conseguido además detener, acusado de malversación de fondos públicos, al ex intendente Osvaldo Cacciatore y tiene entre rejas, acusado de cometer crímenes contra el género humano, al ex jefe de la policía de la provincia de Buenos Aires, general Ramón Camps. Finalmente, acaba de detener en base a acusaciones similares al ex titular de la Escuela de Mecánica de la Armada, contraalmirante Rubén Chamorro. Un verdadero record en solamente 60 días. Ahora, sólo falta López Rega. ”

Julio César Petrarca, revista La Semana, 23 de febrero de 1984

***

Entre charlas, listas y fotos, comemos. Delicioso asado. La revista se salva. El vacío no. 



(Muchas gracias a Istvansch, a Marcela y a Roberto. 
Y próximamente un especial  #EscenasLectoras de este ejemplar de Revista La Semana.)

viernes, 22 de noviembre de 2013

Autores que te siguen

En una semana de estas que ni siquiera dejan un espacio vacío para la nada, tan necesaria, aparece un autor que me anda siguiendo hace tiempo. Pero, debo confesar, nunca en su idioma original.
Nunca hasta el 14 de Noviembre a las 2.01 pm. Era el #SubteA y si bien yo moría de calor, había gente abrigada.

No era Tu y yo, no era tampoco No tengo miedo, ni Que empiece la fiesta.
Se trataba de Ti prendo e ti porto via. Te llevaré conmigo, en español.



Y entonces un fragmento:

"Y Pietro Moroni se da cuenta de que todos se le han acercado y le están mirando, y el, ahí en medio, es el bufón, la oveja negra (roja), y Gloria también están en el otro lado, con los demás, y no importa nada, nada en absoluto que le esté mirando con esos ojos de Bambi."

Te llevaré conmigo, de Nicolo Ammaniti.

Y un pensamiento: siempre "te llevaré conmigo", me suena a "llévame contigo".

jueves, 31 de octubre de 2013

Aeroparque

Antes de volar, los que safamos de la manía de la fila incomprensible (para mi) siendo que el asiento ya está asignado, vislumbro tres en línea, pasajeras en tránsito que leen la espera: Una guía de viaje, un Dan Brown en inglés, una novela que se esconde.  #EscenasLectoras.

Llega el llamado.  Puerta 7.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Un viaje de miércoles en el #SubteA

Estoy aprisionada en un vagón del #SubteA, por la ventana veo un lector que espera. No veo lo que lee. #EscenasLectoras que se quedan mientras yo sigo viaje.



***


En estación Saenz-Peña nos hacen bajar a todos por problemas de frenado.
Espero. Llega un subte. Intento subir pero no lo logro.
Un lector lee una guía T, o tal vez sea una Lumi. No lo se.
#EscenasLectoras que se van mientras espero el próximo subte y ya es tarde.



***

Llega el subte, me subo, y leo que leen: "Reprogramar la mente para el entusiasmo."
#EscenasLectoras con anteojos negros.
La vida con filtros. 





***

domingo, 20 de octubre de 2013

Abuelas y nietas.

Ayer en un vaivén de emails laborales, me llega un email cuyo asunto es "Abuelas y nietas". Y entonces, como si fueran polaroids aparecen mi abuela y mi bobe. Uno de mis abuelos, mi ceide, compró una cámara Polaroid ni bien salieron a la venta y recuerdo esa magia en sus manos. Y la alegría cuando me la prestaba.


(De izquierda a derecha: la Bobe Betty, la señora Luisa, el Ceide Ignacio y la Abuela Lía. Un hombre rodeado, fotografiado por su nieta).

Con mi abuela nos unió luego de muchos años de desazón y desencuentros: El amor en los tiempos del cólera. Con mi bobe, en su casa, se respiraban libros y estantes llenos por todos lados, desde Sartre a la colección completa de Selecciones, de Readers Digest, novelas de Emecé, como la vida de Cocó Chanel y policiales. Muchos policiales. Y sus historias inventadas. Y sus historias reales... Pero eso es otro cantar, otro leer, otra escena.

***

La cuestión es, sigo con el email de Dani Goldín, que me escribe:
"ya que es un día de fotos...! La del avión, era Todo cuanto amé."
Tres generaciones que viajan juntas, y comparten, en tránsito, lectura.




"...Las historias que relatamos sobre nosotros mismos solo pueden narrarse en pasado. El pasado se remonta hacia atrás desde donde ahora nos encontramos, y ya no somos actores de la historia sino espectadores que se han decidido a hablar..."


“…la dificultad de ver con claridad me persiguió desde mucho tiempo antes de que me fallaran los ojos. Se trata de un problema asociado a la perspectiva del espectador (…). Con todo, el alejamiento tampoco garantiza la precisión, aunque a veces ayuda."

Siri Husvedt, Todo cuanto amé.

***

El email  sigue así: "las de las sillas, Don Fresquete del copete."
La abuela de la silla, aclaro, es referente de un centro comunitario y fue con su nieta a una capacitación sobre Promoción de la lectura. Al principio, cada una con un libro, eligen leer en una intimidad compartida... La abuela: Dos ratones, una rata y un queso, de Claudia Rueda, la nieta, reitero, Don Fresquete.



Luego Don Fresquete se cuela y la lectura es compartida.


“Se ha marchado Don Fresquete a volar en barrilete."

Maria Elena Walsh, Don Fresquete.


(Fotos: gentileza de Daniela Goldín)

domingo, 13 de octubre de 2013

Diarios en San Juan

El desayuno,  de 7 a 10. Son las 7. En el hotel todos parecen dormir, salvo la chica que atiende a la vez mostrador y bar.
Pero de pronto llega, o está por irse, una pasajera que no vi antes. No toma café, solo lee escoltada a ambos lados por su valija y su cartera.
¿Qué lee?
Doy vuelta protegida por la columna y descubro...


"París, 1960
1 de Noviembre
Falta mi vida, falto a mi vida, me fui con ese rostro que no encuentro, que no recuerdo."

Alejandro Pizarnik,  Diarios.


jueves, 10 de octubre de 2013

Escalera lectora en New York

Nueva York, sus olores y sus colores.
Gente de muchos lugares se detiene y ocupa un escalón. Leen guías, planos y folletos. Un popurrí de idiomas se derrama...
Gran #Babel, el Metropolitan siempre ofrece una escalinata de #EscenasLectoras.

(Gentileza fotográfica de Claudina Pugliese)

sábado, 5 de octubre de 2013

Fitzgerald en Brooklyn. Escenas que llegan

Scott Fitzgerald..., en Bedford,  Brooklyn. Parece una foto de moda, pero es una #EscenaLectora.
No distingo cuál es el libro que lee. Entonces elijo yo: "El crack-up"
"Claro, toda vida es un proceso de demolición, pero los golpes que llevan a cabo la parte dramática de la tarea—los grandes golpes repentinos que vienen, o parecen venir, de fuera—, los que uno recuerda y le hacen culpar a las cosas, y de los que, en momentos de debilidad, habla a los amigos, no hacen patentes sus efectos de inmediato. Hay otro tipo de golpes que vienen de dentro, que uno no nota hasta que es demasiado tarde para hacer algo con respecto a ellos, hasta que se da cuenta de modo definitivo de que en cierto sentido ya no volverá a ser un hombre tan sano. El primer tipo de demolición parece producirse con rapidez, el segundo tipo se produce casi sin que uno lo advierta, pero de hecho se percibe de repente."
Francis Scott Fitzgerald 
(Foto: gentileza de Claudina Pugliese)

miércoles, 2 de octubre de 2013

No se habla con la boca llena

Martes de locos en la ciudad que me devora.
Dejo el auto, compro un par de facturas en L´epi. Me voy a la estación Tronador, del #SubteB, saboreando un exquisito pain au chocolat.

Llega el subte. Me subo. El vagón está lleno pero no tanto como otras veces. Una mujer lee La cena, de Herman Koch. La veo de lejos.

En el medio hay una pareja que conversa. Él le sostiene el necessaire con los maquillajes mientras ella se pinta. Se miran cómplices. Se acercan. Ella se termina de pintar y entonces se abrazan. Ese ligero movimiento amoroso permite que yo cambie de lugar y me acerque a la lectora. A su lado alguien juega con su celular al Candy Crush.





"El meñique del maître había señalado en primer lugar mi filete de gallina de Guinea envuelto en una loncha de tocino alemán, y luego había pasado a la guarnición: un montoncito de "discos de lasaña de berenjena con ricotta" ensartado en un palillo de cóctel, que más parecería un sándwich club en miniatura, y una mazorca de maíz ensartada en un resorte que, probablemente servía para coger la mazorca sin mancharse los dedos, pero tenía algo ridículo, o no, ridículo no es la palabra, sino más bien algo que pretendía ser divertido, como un guiño del cocinero o algo por el estilo."


De repente se oye un grito. A una mujer se le traba el pie al bajar. Todos gritan que no arranque. Corridas. Revuelo. Entretanto, la lectora levanta la vista un segundo y sigue con su lectura. El pie se destraba, pero sigue la angustia hasta que volvemos a escuchar la señal y las puertas se cierran. Alguien acompaña a la mujer a la salida de la estación. Arrancamos. Respiramos.





“La felicidad se basta a sí misma, no necesita testigos.”


 Herman Koch, La cena.


lunes, 16 de septiembre de 2013

Coincidencias. 37 años. Nunca más

Subo al #SubteB. Es 16 de Septiembre de 2013. Son treinta y siete años de la noche de los lápices, y las noticias y la historia me anduvieron rondando todo el día. Corría 1976  y diez estudiantes de la de la Escuela Normal 3 de La Plata fueron secuestrados. Tenían entre 14 y 18 años y estaban participando de la lucha por el boleto estudiantil,  militaban en la UES (Unión de Estudiantes Secundarios) y al día de hoy seis de ellos continúan desaparecidos.

Y en ese contexto, pensando en una fecha. Me subo al #SubteB en la estación Pueyrredón.


"Arrebatados por la fuerza, dejaron de tener presencia civil. ¿Quiéne exactamente los habían secuestrado? ¿Por qué? ¿Dónde estaban? No se tenía respuesta precisa a estos interrogantes: las autoridades no habían oído hablar de ellos, las cárceles no los tenían en sus ¦ldas, la justicia los desconocía y los habeas corpus sólo tenían por contestación el silencio. En torno de ellos crecía un ominoso silencio. Nunca un secuestrador arrestado, jamás un lugar de detención clandestino individualizado, nunca la noticia de una sanción a los culpables de los delitos. Así transcurrían días, semanas, meses, años de incertidumbres y dolor de padres, madres e hijos, todos pendientes de rumores, debatiéndose entre desesperadas expectativas, de gestiones innumerables e inutiles, de ruegos a influyentes, a oficiales de alguna fuerza armada que alguien les recomendaba, a obispos y capellanes, a comisarios. La respuesta era siempre negativa."


Fragmento del Prólogo. Nunca Más - Informe de la Conadep - Septiembre de 1984


Y entonces escucho el alto parlante: una voz dice "Esta formación finaliza su recorrido en la estación Federico Lacroze". Me bajo como todos y espero.

Me subo al subte siguiente. Vuelvo a mirar al lector que hizo mi mismo recorrido, mientras pienso... Es esto, agarrarse fuerte al Nunca más, para que nunca más.


 Memoria. Verdad. Justicia.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Leer con otros: Madre e hija

Esta #EscenaLectora me llega por mail. La miro y pienso que va con una serie de #EscenasLectoras que vengo capturando o recibiendo: las familiares.
Madres, padres, hijos, primos, tíos, abuelos, abuelas, tías. Unos con otros. Cada uno con su libro. Todos con un mismo libro. En silencio, en voz alta. En el silencio lleno de otros silencios leyendo junto al de uno. En las casas donde hay libros, en las que no. ¿Cómo, cuándo y dónde se da, cuando sucede, la lectura con la familia?



"Descubrir algo nuevo que nadie sabía hasta ese momento. No hay nada más emocionante que eso"

La clave secreta del universo, de Lucy y Stephen Hawking


Madre e hija. (Cortesía de Ana Paolini)


" El disfruta con la alegría de ella, una alegría sin afectación. Le sorprende que una hora y media por semana en compañía de una mujer le baste para sentirse feliz, a él, que antes creía necesitar una esposa, un hogar, un matrimonio. En fin de cuentas, sus necesidades resultan ser muy sencillas, livianas y pasajeras, como las de una mariposa. No hay emociones, o no hay ninguna salvo las más difíciles de adivinar: un bajo continúo de satisfacción, como el runrún del tráfico que arrulla al habitante de la ciudad hasta que se adormece, o como el silencio de la noche para los habitantes del campo. "

Desgracia, de J. M. Coetzee




miércoles, 11 de septiembre de 2013

Entre El federal y Cortázar mi vuelta al día

Ayer en el #SubteB, quedé atrapada entre dos lectores.
Me senté a su lado porque me da felicidad encontrarme con Cortázar en cualquier sitio. Pero La vuelta al día es de mis hallazgos favoritos. Y hacía mucho tiempo que no lo encontraba.



"Grave problema argentino: Querido amigo, estimado, o el nombre a secas

Usted se reirá, pero es uno de los problemas argentinos más difíciles de resolver. Dado nuestro carácter (problema central que dejamos por esta vez a los sociólogos) el encabezamiento de las cartas plantea dificultades hasta ahora insuperables. Concretamente, cuando un escritor tiene que escribirle a un colega de quien no es amigo personal, y ha de combinar la cortesía con la verdad, ahí empieza el crujir de plumas. Usted es novelista y tiene que escribirle a otro novelista; usted es poeta, e ídem; usted es cuentista. Toma una hermosa hoja de papel, y pone: "Señor Oscar Frumento, Garabato 1787, Buenos Aires." Deja un buen espacio (las cartas ventiladas son las más elegantes) y se dispone a empezar. No tiene ninguna confianza con Frumento; no es amigo de Frumento; él es novelista y usted también; en realidad usted es mejor novelista que él, pero no cabe duda de que él piensa lo contrario. A un señor que es un colega pero no un amigo no se le puede decir: "Querido Frumento." No se le puede decir por la sencilla razón de que usted no lo quiere a Frumento..."


Entonces se sienta a mi lado una revista: EL FEDERAL.


Y voy, como si siguiera una pelota imaginaria, de un lector a otro. De "El arte de tener razón" a "Para llegar a Lezama Lima"...




"¿Por qué escribir, si de alguna manera ya todo ha sido escrito? Gide observó sardónicamente que como nadie escucha, hay que volver a decirlo todo..."


La vuelta al día en ochenta mundos, Julio Cortázar.



Y entonces busco el libro. Lo encuentro. Y llega la relectura a partir de la lectura de otro. De otros. En esta edición recobrada hace unos años. Este lugar seguro a dónde volver.


sábado, 7 de septiembre de 2013

Hamacarse. Encimarse. Leer...

El silencio, lleno.
El estado de entrega, total.
La intimidad, compartida.
La lectura, silenciosa.
#AmigosDe12 se hamacan en manga.
Septiembre 1, y domingo.

viernes, 6 de septiembre de 2013

De peonías, dinastías, mujeres, hombres y equívocos

"En 1644 cayó la dinastía Ming y se inició la dinastía Qing, liderada por los manchúes. Durante unos treinta años, China estuvo sumida en el caos. Algunas mujeres fueron obligadas a abandonar sus hogares; otras los abandonaron voluntariamente. Miles de mujeres se convirtieron en poetisas y escritoras y sus obras llegaron a publicarse. El personaje de la doncella enferma de mal de amor adquirió gran relevancia en las obras de esas autoras, de las que más de una veintena ha sobrevivido hasta nuestros días.
He seguido el estilo tradicional chino para presentar las fechas. El emperador Kangxi reinó desde 1662 hasta 1722. La ópera de Tang Xianzu El Pabellón de las Peonías se escenificó y se publicó por primera vez en 1598. Chen Tong (a quien llamo Peonía en esta novela) nació hacia el año 1649; Tan Ze, hacia 1656, y Qian Yi hacia 1671. En 1694, Comentarios de las tres esposas fue el primer libro de su género escrito y publicado por mujeres."

Veo una tapa que me llama la atención y me acerco, pero en ese momento llega el #Subte.
Alcanzo a leer Lisa See...





«El amor es de origen desconocido, pero siempre prevalece. Los vivos pueden morir de amor, y gracias al poder del amor reviven los muertos. El amor no es amor verdadero si quien lo siente no está dispuesto a morir por él, o si no puede devolver a la vida a quien ya ha muerto. ¿Es necesariamente irreal el amor que nace en el sueño? Porque en este mundo no faltan los amantes oníricos. El amor es algo sólo plenamente corpóreo para quienes deben satisfacerlo en la almohada, y para quienes sienten renovados sus afectos cuando se retiran de sus cargos.»

Prefacio de El Pabellón de las Peonías, TANG XIANZU, 1598

El vagón está lleno pero logro un buen ángulo. Lisa See hace su primer contrapunto: un ebook que esconde su contenido. 


"Dos días antes de cumplir dieciséis años, me desperté tan temprano que mi criada todavía dormía en el suelo, a los pies de mi cama. Debería haber regañado a Sauce, pero no lo hice porque quería disponer de unos momentos a solas para saborear mi emoción y mi nerviosismo. Esa noche iba a estrenarse una representación de El Pabellón de las Peonías en nuestro jardín. Yo adoraba esa ópera, y ya había reunido once de las trece versiones impresas disponibles. Me gustaba tumbarme en la cama y leer la historia de la doncella Liniang y su amante onírico, de sus aventuras y su triunfo final. Y ahora, durante tres noches, que culminarían el Doble Siete —el séptimo día del séptimo mes, el día de los enamorados y mi cumpleaños—, podría verla representada, algo que normalmente les estaba prohibido tanto a las niñas como a las mujeres adultas. Mi padre había invitado a otras familias a las celebraciones. Habría concursos y banquetes. Iba a ser algo inolvidable."





"Alguien me tiró de la manga. Me volví hacia la derecha y encontré la transida carita de Tan Ze mirándome de hito en hito.
—¿Estás mirando a ese muchacho de allí? —me preguntó.
Parpadeé varias veces e intenté recobrar la compostura respirando hondo.
—Yo también me he fijado en él —me confió Tan Ze con un descaro impropio de su corta edad—. Tú ya debes de estar comprometida. Pero mi padre —bajó la barbilla y me miró con complicidad— todavía no ha concertado mi matrimonio. Dice que con tanto caos en el país no deberíamos precipitarnos. "

El pabellón de las peonías, de Lisa See.


Cuando me estoy por bajar la sigo viendo. Pero cambia el contrapunto. 

El mundo ha vivido equivocado.



Fontanarrosa, fucsia en pleno, contrasta con el esqueleto de sombrilla negro sobre base naranja-roja.



"- Es la magia del cinematógrafo, Hugo. Hay que admitirlo.
- Pero en este día perfecto que te digo yo, vos terminás de echarte los 15 polvos con la rubia, te levantás echo un duque. Te pegás una flor de ducha, coa de quitarte de encima los residuos del pecado y ¿qué pasa? Tenés un hambre de la puta madre que lo parió. ¡Loco! No comés desde el desayuno que picaste alguna boludez. Y después no almorzaste porque el tipo que está de cacería no puede permitirse andar con sueño y hecho un pelotudo. Entonces, entonces... imaginate bien, eh. Prestá atención. Te empilchás livianito. La mina también. Ya es de noche. Está fresquito. No hay el calor puto que suele haber acá. Ahí refresca de noche. Vos como un duque pedí el morfi a la habitación ¡Imaginate vos!... Vos ahí te sentís Gardel. Acabás de encamarte con una mina de novela. Estás en un lugar de puta madre, tenés un hambre de lobo... entonces te hacés traer un vino blanco helado, pero bien helado de esos que duelen acá.
- Ahí es cuando uno se empieza a reir de cualquier pavada."


El mundo ha vivido equivocado, Roberto Fontanarrosa.






lunes, 2 de septiembre de 2013

Realismo mágico en el #SubteB

En estos días anduve recordando la novela La hojarasca, de Gabriel García Márquez, donde nace en tres voces Macondo...

"Hay un minuto en que se agota la siesta. Hasta la secreta, recóndita, minúscula actividad de los insectos cesa en ese instante preciso; el curso de la naturaleza se detiene; la creación se tambalea al borde del caos y las mujeres se incorporan, babeando, con la flor de la almohada bordada en la mejilla, sofocadas por la temperatura y el rencor. "

Y luego un nuevo tuit me hizo recordar..


-14 de Agosto de 2012- Cien años de soledad en el #SubteB  / Dijo @Comala_ :¡en el subte! Otra que realismo mágico.




"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo."


Cien años de soledad, Gabriel García Márquez

Hoy, 2 de Septiembre de 2013:  Crónica de una muerte anunciada. García Márquez convive con con el diario en el #SubteB





"Santiago Nasar, que entonces era muy niño, no olvidó nunca la lección de aquel percance.
La última imagen que su madre tenía de él era la de su paso fugaz por el dormitorio. La había despertado cuando trataba de encontrar a tientas una aspirina en el botiquín del baño, y ella encendió la luz y lo vio aparecer en la puerta con el vaso de agua en la mano, como había de recordarlo para siempre. Santiago Nasar le contó entonces el sueño, pero ella no les puso atención a los árboles.

-Todos los sueños con pájaros son de buena salud -dijo."

Crónica de una muerte anunciada, Gabriel García Márquez.


sábado, 31 de agosto de 2013

Releer desde otros. Encontrar erizos

Esperaba el #SubteB cuando algo me llamó la atención en una mujer. Algo que guardó y vi de refilón sin llegar a ver del todo.
Al entrar conseguí lugar para sentarme, un milagro si los hay, y en eso, en diagonal, veo a esa mujer (desde ahora la lectora) que saca de su bolso La elegancia del erizo. 

E inevitablemente pienso: "La eternidad se nos escapa."




Recuerdo a Renée... y también recuerdo el avión en el que devoré ese libro, que junto con sus marcas quedó en Houston, que ni siquiera llego a Nueva York, que era mi destino final en ese viaje. Pero sube gente y no veo ni la lectura, ni a la lectora. 
Entonces me paro, confirmando que algunas  #EscenasLectoras  me hacen abandonar el asiento para seguirlas. Y todos sabemos lo valioso que es un asiento en el #SubteB en estos días. (Típico de Serial killer, diría @skaspin )

Me acerco y veo que no soy la única, que hay muchos modos de leer de reojo.



"Esos días uno necesita desesperadamente el Arte. Aspira con ardor a recuperar su ilusión espiritual, desea con pasión que algo lo salve de los destinos biológicos para que no se excluya de este mundo toda poesía y toda grandeza."

Aparece entonces la lectura que se ve en las acciones. Las manos y los ojos. La boca. Las marcas. El ir y volver sobre una marca y otra. Con el dedo, con un señalador, con un papel. Eso que hace salir de esta pecera.


Ir y volver una y otra vez sobre una marca y otra. 



Y leer sin interrumpir siquiera ante los acercamientos ambulantes.


Marcar. Cerrar. Guardar. Llegar. Bajar.

"De entre las personas que frecuenta mi familia, todas han seguido el mismo camino: una juventud dedicada a tratar de rentabilizar la propia inteligencia, a exprimir como un limón el filón de los estudios y a asegurarse una posición de elite; y luego toda una vida dedicada a preguntarse con estupefacción por qué tales esperanzas han dado como fruto una existencia tan vana. La gente cree ansiar y perseguir estrellas, pero termina como peces de colores en una pecera.  Me pregunto si no sería más sencillo enseñarles a los niños desde el principio que la vida es absurda. Ello le robaría algunos buenos momentos a la infancia, pero permitiría que el adulto ganara un tiempo considerable (por no hablar de que uno se ahorraría al menos un trauma: el de la pecera)."



La elegancia del erizo, de Muriel Barbery