jueves, 5 de febrero de 2015

Justo y necesario

Subo al #SubteB en una corrida por unas llaves y un par de libros. Quiero llegar a destino, pero las estaciones se toman su tiempo...
En eso, a mi lado, la palabra justa me invita a detenerme.

"Sólo obtienes algo de los libros si eres capaz de poner algo tuyo en lo que estás leyendo. Quiero decir que sólo si te aproximas al libro con el ánimo dispuesto a herir y ser herido en el duelo de la lectura, a polemizar, a convencer y ser convencido, y luego una vez enriquecido con lo que has aprendido, a emplearlo en construir algo en la vida o en el trabajo."

La mujer justa,  de Sándor Márai

domingo, 28 de diciembre de 2014

Deseos

#HijoDe13 dice:  'Mirá, inventé una #EscenaLectora en la cual podés elegir cada vez el libro que quieras leer."
Qué mejor regalo que éste.

¡Que el 2015 nos encuentre leyendo lo que deseemos leer, cada vez!

(Ojo: no hablo solo de libros)


Escultura, gentileza de Francisco Pérez Azulay



sábado, 6 de diciembre de 2014

Sobre el imperativo de olvidar

Cuando un poema te ronda, aparece por todas partes.
Hace unos meses, dando un taller,  encontré un libro de Pedro Salinas, era uno de esos libros que en algún momento tuve muy cerca.
Lo releí en ese silencio cargado de palabras que se da cuando se lee con otros, en silencio.

Al día siguiente, ¿casualidad? Otro hallazgo, esta vez en la voz de Mirta Colángelo.


Pasaron dos meses, y corrigiendo,  apareció otra vez el poema,  en el trabajo final de una alumna. Y otra vez la relectura.


***

La última semana de noviembre lo susurré despacio,  como un regalo. 

Me quedaron rondando algunos versos... 

"No te busco
porque sé que es imposible
encontrarte así, buscándote... "

Imposible no buscar. Tan imposible como el imperativo de olvidar. 

viernes, 17 de octubre de 2014

Sobre leer

Salimos cansados de leer contra reloj. Nos vamos despidiendo. Caminamos. Llegamos a Corrientes y los dos que quedamos entramos en algunas librerías.
La poesía completa de Hugo Mujica a 100 pesos.  Dudo pero no compro. Las aguafuertes porteñas,  a 40. Tampoco compro.
Le comento a mi compañero de lectura que estamos locos por seguir mirando libros.
Nos despedimos hasta mañana.

***

Subo al subte. Un gato negro en la tapa de un libro atrapa mi atención.
Parada,  y en un #SubteB lleno que no para de chirriar muy feo, una mujer lee.




"Amanece con un cielo muy rojo, como de fuego, aunque el viento sea fresco y húmedo y el horizonte una bruma gris. Los dos hombres han salido a cubierta y son dos caras distintas las que miran hacia la costa, oculta tras la niebla. Los ojos de Stan tienen el color de la bruma; los de Charlie, el del fuego. La brisa salada les salpica los rostros con gotas transparentes. Stan se pasa la lengua por los labios y siente, quizá por última vez en este viaje, el gusto salado del mar. Tiene los ojos celestes, pequeños y rasgados, las orejas abiertas, el pelo lacio y revuelto. Un aire de angustia lo envuelve y a pesar de sus diecisiete años está acostumbrado a fabricarse sonrisas. Ahora, lejos del circo, lejos de Londres, su cuerpo pequeño está rígido y siente que el miedo le ha caído encima desde alguna parte. "

Triste, solitario y final,  de Osvaldo Soriano.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Un libro en la vida

Un libro diminuto hoy me salvo la vida durante un rato. Me hicieron esperar y recordé que lo tenia guardado en la cartera, préstamo de la hermosa Dani Goldin. 
Es más,  ayer convivieron en mi mochila Fragmentos de un discurso amoroso y Un amor para toda la vida...
Eche cinco pesos en la ranura,  y aparece un libro. Una vieja expendedora de cigarrillos, en la Biblioteca Nacional. Compré cuatro me dijo Dani,  este me encantó.
"Pensé que si algún día, ya convertido en un escritor, un periodista me preguntaba qué era el infierno, yo le diría que el infierno era eso. Todavía hoy creo que el infierno es un domingo de verano a las tres de la tarde en Ramallo."
Un amor para todtoda a la vida,  de Sergio Bizzio. 
Un cuento que en esta edición se me hizo novela. 


martes, 26 de agosto de 2014

Encontrar un trapo rojo

En este día tan cortazariano, camino apurada. En la esquina de Av. de Los Incas y Gamarra me sorprende un trozo de tela rojo. La #EscenaLectora se me hace carne. Dudo un poco, pero decido levantar la tela y la guardo con cuidado en una bolsa. Llego tarde a mi cita, pero no puedo evitar detenerme.





Cuando desando el camino para volver a mi casa, me doy cuenta que la calle no era Gamarra sino Torrent. Fue la esquina de Los Incas y Torrent, entonces, la que me regaló un trozo de novela.

Llego a casa. Apenas entro suena el timbre. Es Daniela Goldín. Siempre es lindo que llegue.
Le cuento lo que me pasó, e inmediatamente busco Rayuela, hablamos sobre las ediciones. "Esa es la que yo leí", me dice ella. No recuerda el trapo rojo.  Me pongo a buscar el fragmento. Lo encuentro. Empiezo a leerlo pero no puedo terminar. Lloro. Dani se acerca y me abraza.

"En fin, no es fácil hablar de la Maga que a esta hora anda seguramente por Belleville o Pantin, mirando aplicadamente el suelo hasta encontrar un pedazo de género rojo. Si no lo encuentra seguirá así toda la noche, revolverá en los tachos de basura, los ojos vidriosos, convencida de que algo horrible le va a ocurrir si no encuentra esa prenda de rescate, la señal del perdón o del aplazamiento. Sé lo que es eso porque también obedezco a esas señales, también hay veces en que me toca encontrar trapo rojo."

Julio Cortázar, Rayuela.






martes, 1 de julio de 2014

El colectivo y la fe

Me subo en Baunes y Quirós. Pago 8 pesos porque no tengo la Sube y la Monedero no funciona con colectivos. Nunca anduvo.
Suben unas mujeres quejándose de la "década ganada".  Las miro.  Porque antes no aumentaba el colectivo, no.
Sube gente con bebés o con bastón y cuesta que alguien les de el asiento.
Hace un mes que no viajo en colectivo,  y éste apesta de olor a pata.
Y en eso,  veo un lector. Lee parado,  a mi lado, "Lo grandioso del cristianismo".
El viaje sigue, largo. El olor aumenta,  hediondo.
Y los pasajeros en su vaivén de subidas y bajadas con cara de resignación, de la vida que no alcanza.
Mi lector se corre de lugar pero sigue firme con su lectura. Agarra el libro con toda la mano.
Lo admiro. Sabe,  seguro,  algo que yo no. Me faltará lectura. O fe. Pero no logro entender lo grandioso del cristianismo.